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En los últimos tiempos hemos podido comprobar que los agoreros, además de andar sueltos, sacuden estopa par todos los lados. Quieren aplicar el dicho de que “en tiempos de crisis no hagas mudanza” a todo, incluido casi a tomar decisiones. Cuando hablamos de la RSE hay quien considera que es un tema de rango inferior, que lo importante es vender, hacer caja y luego hablamos. A quienes piensan así nos cuesta un poquito más hacerles ver que la RSE es un elemento de ventaja competitiva, y que si le va mal, también es porque no se ha preocupado de ser una empresa que adquiere compromisos socialmente responsables. Van pasando los años y hay empresas que no han entendido que la empresa necesita redefinir su propia identidad y la forma de relacionarse con todos sus interlocutores, que no son pocos, y siempre alguno más de los que la empresa ha escrito en la lista. Hay empresas que no terminan de asumir que, lo quieran o no, las relaciones de la empresa con los demás se han de basar en la ética y que, por ello, no todo vale. Será necesario que los valores que defina como propios la empresa tengan relación con los valores asumidos por sus grupos de interés. No estamos sólos en esta historia. Ya van quedando un poco lejos los avisos y llamadas al orden desde Europa a la empresa española, porque la tarea de ponerse al día en los compromisos económicos, sociales y medioambientales, estaba bastante atrasada ¡A ver si va a ser verdad que si no hay presión hay siesta! ¡A ver si va a ser verdad que trabajamos mejor contra presión! Ya nadie discute el papel de las empresas en el mundo. Hay empresas cada vez más poderosas que tienen más capacidad de transformación que los propios estados. Tienen, por tanto, más responsabilidad, generan más expectativas y, por ello, están más expuestas a la opinión de la gente, del cliente y del consumidor y de la sociedad en general. Cuidan su imagen a través de mejorar su reputación porque ello les dará dinero. Trabajan la responsabilidad social desde la óptica de la competitividad. Y eso que hacen las grandes resulta más difícil de ver por las pequeñas. Contamos con un alto grado de consenso al afirmar que “ A largo plazo, las empresas no pueden prosperar en sociedades que fracasan”, lo que viene a decir que no podemos crecer y desarrollarnos s costa de los demás, sino con los demás. Ahí está la clave de la RSE. Esto de la RSE no es nada nuevo. Lo que pasa es que todavía hay mucha gente que no se ha desayunado y que vive mirándose al ombligo, con planteamientos muy cortoplacistas, con salidas para hoy y nada para mañana. La RSE es el resultado de un proceso evolutivo en la empresa y es consecuencia de su cultura. Nadie pasa de la maldad o la indiferencia a la bondad o el compromiso de la noche a la mañana. Sólo conozco casos así en algunos santos o santas que vieron la luz de dios, pero aparte de esos casos, es muy poco probable. Los valores que vamos a propugnar en la empresa serán consecuencia de nuestras creencias y serán el resultado de un alto grado de consenso entre las personas de la organización. Yo siempre he defendido que las empresas de Economía Social y las que gestionan en base a principios de Calidad Total, estamos más cerca que otras de la Responsabilidad Social. Porque las empresas de Economía Social buscan el equilibrio entre el desarrollo humano y el desarrollo empresarial, estableciendo a la persona como principal referencia, y adquieren mayor compromiso con su entorno local. Del mismo modo, las empresas que gestionan en base a principios de Calidad Total, integran a las personas en la gestión y, por consiguiente, trabajan mejor que otras la cohesión social. Y ésto, y no otro es el antídoto a la crisis. Y digo esto porque podemos ver que no todas las empresas encuentran las mismas facilidades para acordar con las personas que trabajan en ella, salidas a la crisis. Algunos empresarios plantean soluciones que podrían parecer de cajón, pero no tiene credibilidad porque en otros tiempos de bonanza no hicieron nada por las personas. O se cree en las personas o no se cree. No hay término medio. La cohesión social, (para mí lo más importante de la Responsabilidad Social) es el grado de consenso entre cada una de las personas que trabajan en la empresa y la misión de ésta. En la medida en que entendamos unos y otros que los fines son comunes, habremos conseguido un grado de entendimiento total, y la solución a la crisis será cuestión de tiempo. Habremos adoptado medidas que otros no pueden porque se acordaron de Santa Bárbara al oir los truenos.¡ Sabia inteligencia la del humilde que es capaz de entender que avanzamos juntos, que los intereses pueden ser distintos, pero no contrapuestos!. La Responsabilidad Social ha venido para quedarse. No es un ave pasajera. Forma parte de la cultura, de las formas de gestionar, de los avances de las empresas que quieren ser excelentes en el siglo XXI. Hoy más que nunca RSE. Con valentía, con confianza, con seguridad, con fuerza. Es en esta línea como venimos trabajando desde Confesal con cada Agrupación de Comunidad Autónoma y con las empresas. Estamos seguros que a corto plazo se visualizará a las Sociedades Laborales como empresas comprometidas con la Responsabilidad Social. Hemos adquirido un compromiso con nuestros socios, con las personas, con el entorno y con el medio ambiente más allá de lo que la ley nos pueda pedir. Queremos llegar a todas las empresas por pequeñas que sean, vamos a trabajar de la mano de nuestros grupos de interés y queremos crecer de forma sostenible. Hemos hecho la apuesta. Estamos comprometidos. Que la sociedad nos juzgue.
Josetxo Hernández Duñabeitia Director gerente de la Agrupación de Sociedades Laborales de Euskadi y representante de Confesal en el Consejo Estatal de la RSE |