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El interés sobre cómo está influyendo la crisis económica en la Economía Social ha llevado a diversos debates en el círculo de las empresas asociativas (cooperativas de trabajo asociado y sociedades laborales). Las preguntas van en una doble dirección: cómo incide la citada crisis sobre las empresas ya existentes y qué debe de esperarse de estas formas empresariales para afrontar la crisis misma.
En relación con la primera cuestión, los datos de que disponemos a estas alturas de 2009 ponen de manifiesto que los efectos de la crisis están siendo menores en estas empresas de Economía Social que en las de estructura capitalista. Esta incidencia más reducida obedece, en mi opinión, a diversas razones. Primera, la mayor aproximación de los trabajadores a la toma de decisiones que se da en las empresas asociativas y que produce efectos beneficiosos: permite a los órganos de decisión una mejor información sobre los problemas concretos de la empresa y sus posibles soluciones y una mayor responsabilidad de los trabajadores en las decisiones mismas. La aproximación a que nos referimos es una forma, en sentido amplio, de codecisión, lo que supone, normalmente, una mayor probabilidad de acierto.
Esta aproximación genera también una mayor flexibilidad, conveniente siempre y muy necesaria en tiempos difíciles. Permite una mayor amplitud en la búsqueda de soluciones y en la adopción por una base más amplia de las que se propongan. La reducción de empleo existente es siempre una cuestión muy delicada en etapas de caída de la demanda y, en general, de la actividad económica. La flexibilidad permite encontrar soluciones intermedias entre el empleo existente en el momento de adoptar una decisión y el que es admisible objetivamente en la nueva situación de crisis. Permite, en definitiva, ajustar empleo y retribución y evitar, en gran parte de los casos, la resolución de contratos de trabajo que tienen un efecto negativo añadido para los trabajadores, tanto en el plano psicológico como en el mantenimiento de la formación y la pericia. Estas observaciones sobre la reducción de empleo son igualmente válidas, mutatis mutandis, para la búsqueda de una mayor productividad a través de cambios en los procesos productivos y un nuevo equilibrio en los factores de producción.
La segunda razón que permite una mejor adaptación de estas empresas asociativas a la crisis es la consideración por los trabajadores de la empresa como propia o, al menos, una mayor identificación patrimonial y afectiva con ella. En el caso de las cooperativas de trabajo asociado no hay duda alguna de que es así, y en las sociedades laborales depende de la distribución de las acciones o participaciones sociales, aunque en la mayor parte de los casos también es así.
La segunda dirección del debate es conocer qué posibilidades existen de que la creación de las empresas a que nos referimos pueda contribuir a mejorar la actividad económica y, en consecuencia, el empleo. Dentro, claro está, de los límites cuantitativos que estas empresas representan dentro de la economía nacional.
Estas posibilidades son reales. La experiencia histórica es favorable. Las crisis económicas han sido un revulsivo para la creación de empresas de este tipo en determinados casos por iniciativa de los trabajadores de una empresa capitalista extinguida. Y, en otros, por una reflexión de los trabajadores ante la necesidad de crear su propio empleo.
El principal problema de esta creación ha sido siempre financiero. Las Administraciones Públicas han concedido siempre subvenciones o préstamos relacionados con el número de puestos de trabajo creados y han autorizado la capitalización de la prestación de desempleo. Son medidas plausibles, sin duda, pero insuficientes. Deberíamos de reflexionar sobre cómo se puede aumentar esta financiación inicial e investigar las formas de garantía social que pueden ser aplicables en este primer momento, siempre difícil, de la empresa. La justificación de estas medidas de fomento está en la igualdad como uno de los valores superiores del ordenamiento.
Todos los proyectos empresariales rigurosos y solventes deben tener ayudas si se quiere colocar a las personas en la misma situación cara a una actividad empresarial. Extender el principio de igualdad de oportunidades a esta actividad es, no solo un planteamiento social y económico sugerente, sino fundamentado en la Constitución.
El liderazgo es también, lógicamente, una cuestión esencial. Las sociedades laborales, al permitir que los trabajadores puedan tener una participación en el capital distinta, permiten descubrir y potenciar a las personas que quieren asumir la dirección y una mayor cuota de responsabilidad. En las cooperativas de trabajo asociado este liderazgo es colectivo, dada su estructura y funcionamiento estrictamente democráticos.
En resumen, las figuras asociativas a que nos referimos han sido en el pasado y deben continuar siéndolo en el futuro una técnica estimable de creación empresarial y, por ello, de empleo. Al mismo tiempo permiten la realización de la igualdad como valor superior del ordenamiento jurídico y los objetivos constitucionales fijados en el artículo 129.2 de la Constitución, bien conocidos y poco realizados. Bien está recordar estos aspectos positivos en tiempos de crisis.
Rafael Calvo Ortega
Presidente de la Fundación Iberoamericana de Economía Social (FUNDIBES) |